"...y sería un absurdo decir que todos los pequeños cuerpos imperfectos, y las pequeñas partes del mundo, y todos los animales más despreciables, las moscas y los gusanos son sujetos dignos de vida, que poseen la vida, que tienen un alma, y que el mundo en su totalidad, que es el cuerpo
más perfecto y total, y más noble de todos, los tiene vida ni alma. No es menos irrazonable proponer que los cielos, las estrellas y los elementos que dan plenamente la vida y el alma a cada cosa en particular, estén privados de la vida y del alma, y que una planta, o el árbol más pequeño, sea una condición más noble que el cielo, las estrellas y los elementos que, según el orden de la naturaleza, no tienen otras causas que ellos mismos. Nadie puede decir, a menos que esté privado de razón, que la tierra y el agua no viven, cuando por sus propias reservas producen árboles, plantas y animales sin cuenta, los vivifican, nutren y hacen crecer. Esto es tan patente en las cosas que derivan de sí mismas y en las que carecen de semillas corporales. Los elementos no podrían producir ni nutrir estas clases de cuerpos vivientes si no estuviesen vivos. Algunos filósofos tal vez digan que estas clases de cuerpos vivientes son producidos por los influjos de las almas celestes, y no por el alma de la tierra. Los platónicos les responden que un accidente no puede producir una sustancia, a menos que no sea como un instrumento subordinado a la sustancia más próxima, porque el instrumento alejado del artista no recibe movimiento a los efectos del arte. De modo parecido, estas influencias celestes, al ser determinados accidentes bien alejados de sus sustancias vitales, o de la vida misma, no producirán sustancias vitales en los cuerpos inferiores de este mundo inferior. Mercurio, en su Tratado sobre el Común
dice que todo lo existente en el mundo se mueve por crecimiento y decrecimiento. Todo lo que tiene movimiento tiene, por ello, vida, y como todas las cosas tienen movimiento, igual ocurre con la tierra, y sobre todo con el movimiento de generación y alteración, y ella es parecidamente viviente. Si alguien duda de que los cielos vivan, dice Teofrastro, no habrá que considerarlo filósofo; y quien niegue que el cielo está animado, de modo que su motor no es su forma, destruye los fundamentos de toda la filosofía. Debe, pues, sostenerse que el mundo vive, que tiene alma y juicio, ya que da vida a las plantas que no se producen por medio de la semilla, y da sentido a los anímales que no se engendran por copulación."
